Psicopatía, una realidad preocupante

 

RAFAEL SANTIAGO DE LA TORRE

 

Cleckley, (1978) "El psicópata, inocente, insensible, asocial, encantador, algunas veces impulsivo o violento, es el más peligroso de los criminales, el más depredador de los políticos y el negociador con menos escrúpulos.

 

El libro del Apocalipsis anuncia para el final de los tiempos la llegada de un Ángel del abismo, ABBADON, o exterminador, que castigará a los idólatras con graves suplicios. (Nuevo Testamento, Apocalipsis 8:3-6, 9:11).

 

Este bien puede constituir el primer eslabón, en la cadena "ficticia", que supone el recorrido por la historia que haremos en lo que respecta al psicópata, como un intento de hacerles ver la importancia y el afán de saber más acerca de este tipo de personalidad, con el fin último de la ciencia, que no es otro que el control. Y es que hasta el siglo XVIII, se creyó que el crimen psicopático era obra del Diablo. Es con la llegada de la Ilustración, y con el cambio de mentalidad que conlleva, cambiará radicalmente la perspectiva de acercamiento al problema, que empezará a ser sistemático y regido por los patrones de la Naturaleza, en definitiva, por el método científico. Es en 1812 cuando Pinel, caracteriza este comportamiento con el concepto de "manía sin delirio", como el insólito comportamiento irracional, acompañado no obstante por unas facultades de raciocinio intactas. O a los sujetos definidos ese mismo año por el Psiquiatra norteamericano Benjamin Rush, como disponiendo de una degradación moral innata. Más tarde, en 1835 el Psiquiatra J. C. Pritchard, definió el concepto de locura moral, "moral insanity", donde enfatizaba la incapacidad no de razonar a propósito de cualquier asunto que se le proponga, sino de comportarse con decencia y propiedad en la vida. En la misma línea lo define Morel como "locura de los degenerados", pero haciendo incapie, en que el crimen de los desalmados no obedece a delirio alguno, pero tampoco a un trastorno transitorio. A finales de ese siglo, los grandes Psiquiatras Germanos vinieron a sistematizar a un conjunto de personas extravagantes, de conducta perversa y en ocasiones antisocial, pero no alejado del contacto con la realidad con el rótulo de "inferioridades psicopáticas", debido a Koch, y donde aparece por primera vez el término psicópata. Emil Kraepelin, en su obra Psiquiatría, (7°edición de 1903), introdujo el término que todavía se conserva de personalidad psicopática, que identifica como una anomalía congénita del carácter. Sin embargo será definitivamente diagnosticada por Kurt Schneider, en su influyente obra, Personalidades psicopáticas, publicado en 1923, donde reconocía la existencia de 10 subtipos. Este autor separaba el término psicópata de la antisocialidad necesaria de sus conductas, huyendo de la definición sociológica funcional de sus colegas anteriores, y sería el primer autor en mantener la hipótesis de la predisposición biológica en interacción con los factores sociales y culturales. Todo lo contrario de G. E. Partridge, quién empleó la expresión "personalidad sociopática" para designar, la incapacidad o falta de voluntad de estos sujetos para someterse a las leyes. Tuvo mucho éxito este término, llegando a ser adoptado por la Asociación Americana de Psiquiatría en su famosísimo D.S.M.I, (Manual Diagnóstico Estadístico de los Trastornos Mentales), perdurando hasta 1980, en el que el D.S.M.III, emplea el término personalidad antisocial, a la que en la versión revisada, (D.S.M.III-R), se le añade la personalidad sádica, así como en el actual D.S.M.IV, aunque no dejan de ser problemáticas.

 

La tesis que mantendré en el artículo, es la desarrollada por el profesor V. Garrido, profesional muy admirado por mí, y responsable en parte de mi pasión en el estudio de este tipo de personas. Por tanto, seguiré manteniendo el de Psicópata, en términos de Cleckley 1976, Hare 1970, los grandes teóricos e investigadores en este campo, (junto con Schneider), estos dos autores describen que es una persona incapaz de mostrar simpatía o genuino interés por los demás, los manipula, los utiliza para satisfacer sus deseos, sin embargo recurre a una exuberante sofisticación y una aparente sinceridad, y a menudo es capaz a los mismos que ha utilizado de su inocencia y de sus propósitos de cambio... Definiéndolo básicamente como una combinación de rasgos de personalidad y conducta. Karpman 1961, lo describe como una persona insensible, emocionalmente inmadura, desdoblada y carente de real profundidad. Sus reacciones emotivas son simples y solo surgen tras frustración. Es capaz de simular estados emocionales y afectos, cuando cree que le van a ayudar a obtener lo que desea. No muestra manifestaciones psicológicas y fisiológicas de ansiedad o miedo. Si bien puede reaccionar de modo parecido cuando su bienestar inmediato se ve amenazado. Johns y Quay 1962, utilizan la expresión "demencia semántica", para referirse a su carencia de emociones, diciendo que conocen la letra, pero no la música. Por lo que no puede mostrar empatía, (capacidad para ponerse en lugar del otro), o interés por los demás, los manipula y utiliza para satisfacer sus propias conveniencias, y muchas veces sabe convencer a los mismos que ha utilizado de su inocencia y de sus propósitos de enmienda, recurriendo a una exuberante sofisticación y aparente sinceridad. Sus relaciones sociales y sexuales son superficiales, pero exigentes y complicadas. Las recompensas y castigos futuros solo cuentan en abstracto, sin efecto en su comportamiento. McCord y McCord 1964, destacan como las dos características principales de los psicópatas, la incapacidad de amar y la falta de sentido de culpabilidad. Craft 1965, destaca su ausencia de sentimientos, afectos y amor hacia los demás y tendencia a actuar por impulsos y sin ningún prejuicio. Como rasgos secundarios, agresividad, falta de sentido de culpa e ineptitud para aprender de lo vivido... Tanto Foulds 1965, como Buss 1966, destacan su egocentrismo y la falta de empatía, manipulan tranquilamente, (como si los demás fueran objetos), sin preocuparse por los efectos de sus conductas. Meloy 1988, plantea 2 preguntas cruciales: ¿cuál su capacidad biológica para sentir emoción? Y ¿cómo percibe el psicópata sus propios estados emocionales? Para contestar a la primera pregunta utiliza la analogía de los estados reptilianos. Su fundamento, (de forma muy reducida, ya que desarrollarla sería imposible en un espacio tan reducido y nos apartaría demasiado del problema de los psicópatas), es que los mamíferos a través del Sistema Límbico, (un grupo diverso de estructuras cerebrales como el Hipocampo y la Amígdala, ubicados en el Telencéfalo), tienen la capacidad de relacionarse entre sí de manera significativa "emotiva", haciendo de la vida afectiva consciente un aspecto singular en sus pautas de crianza e interacción diarias. Los reptiles, al no tener un sistema parecido no cuentan con la respuesta emotiva hacia sus crías, así como la conducta de acumular parar enfrentarse a la escasez y la conducta social, (aspectos característicos de los mamíferos).

 

El almacenar, implica proyectar el futuro y anticipar consecuencias aversivas. El psicópata anticipa de forma deficiente las situaciones aversivas, (Hare 1970; Hare y Cox 1978), aunque en mi opinión esto es consecuencia del desprecio que siente por los demás y de su autograndeza, consecuencia de su narcisismo patológico.

 

El instinto materno/paterno, ausente en los reptiles, nos recuerda esta ausencia de cuidado hacia la prole típica de los psicópatas.

 

Finalmente, los psicópatas comparten con los reptiles la incapacidad para la socialización de forma afectiva y expresiva, que nos recuerda la ausencia de empatía y de vínculos significativos en ellos.

 

Desde el punto de vista conductual, el psicópata puede manifestar un amplio rango de emociones "conscientes", pero estas serán teatralizadas según su conveniencia, o bien nunca irán más allá de un estado intensamente narcisista, de reacción contra los seres inferiores, (objetos), que le molestan.

 

El placer lo experimenta sin la presencia de empatía o vínculos afectivos, por lo que no pueden responder a la alegría de los demás, sino con envidia, avaricia y/o violencia instrumental. Aparecerá a través de la gratificación de impulsos sádicos.

 

La cólera, con facilidad puede provocar una gran violencia, ya que no existe la posibilidad, (en él), de modular apropiadamente la expresión emocional, aunque también cabe suponer que no le interesa lo más mínimo modularla, presa de su egolatría narcisista. Utiliza poderosas racionalizaciones para justificar los actos agresivos, como Angelo Buono, uno de los estranguladores de la Colina, responsable de la violación, tortura y asesinato de 12 chicas entre Octubre de 1977 y Febrero de 1978, mencionó: "algunas chicas no merecen vivir". Como podemos observar, también es incapaz de sentir enojo de forma empática, solo lo sentirá interiorizado, proveniente de él. El fracaso de la internalización de actitudes y valores convencionales le hace insensible ante el dolor de los demás, y le facilita burlar toda inhibicón cuando siente el impulso de atacar.

 

Depresión: No existe para él, en sentido estricto. Probablemente lo más cercano para él es el "estado cero" de Yochelson y Samenow 1976, que revela un sentimiento de vacío, de injusticia ante el mundo y bajo la forma de un "desprecio irónico", (Garrido 1998), que restaura su orgullo, al realizar una conducta manipulativa que refuerza su grandeza, como demuestran los comentarios de David Berkowitz "El hijo de Sam": "Entré a trabajar en la oficina de Correos un día después del tiroteo,(en el que mató a un empleado), yo dije: ¿qué ha pasado? Es horrible, espero que cojan a ese bastardo."

 

Aburrimiento, muy relacionado con la búsqueda de excitación, (según algunos investigadores debida a su baja actividad cortical), que puede ser responsable de esa necesidad de gratificación y de sensación inmediatas. Como muestra la famosa Brenda Spenser de 16 años, quién tiroteó a la gente desde su ventana, y dijo a un periodista: "lo hice por pasarlo bien. No me gustan los lunes. Esto te levanta el ánimo. Cuando le preguntaron si sabía que había matado a 2 o 3 personas, contestó ¿solo 2 o 3? Pensé que había matado a 12...

 

Aunque cada Escuela Psicológica lo intenta explicar desde su propia perspectiva y con sus parámetros y nomenclatura, (sería motivo suficiente para otro artículo), todas coinciden en mantener que no hay una sola clase de tendencias predisponientes. Aunque en proporciones diferentes, los factores constitucionales e incluso innatos, suelen ir en interconexión, (interacción), con las causas externas, provenientes del ambiente, y la adquisición de experiencias decisivas para su aparición. Hay un hecho crucial y determinante que ha contribuido a la flexibilización de las diferentes teorías, la invariable presentación en la infancia de los primeros síntomas de la psicopatía. Los niños "difíciles" son los firmes candidatos a desarrollar esta personalidad.(Ey, H. Tratado de Psiquiatría). En los Estados Unidos de América, se ha querido suavizar este término y se utiliza niño con personalidad incontroladamente impulsiva o "acting-out children. Son niños inteligentes, aunque indefectiblemente suelen ser víctimas del fracaso escolar, en los cuales se observan conductas repetidas hacia la mentira, indisciplina, reacciones coléricas, agresividad o la acción compulsiva, acompañadas con la apatía personal y la indiferencia hacia el castigo. También suele presentar antecedentes claros de baja socialización, carencia de afecto paterno, inmersión en un medio hostil, vacío de patrones de comportamiento. Habrá después una serie de ocupaciones ligadas con esta clase de personas: prostitución, proxenetismo, receptación y venta de objetos robados, pertenencia a cuerpos armados de riesgo, (mercenarios, terroristas, etc).En estas actividades el delito asoma, mostrando al mismo tiempo unas características en su autor que coinciden con los signos y síntomas del psicópata: inteligente, seguridad en sí mismo, falta de empatía e inmediato cumplimiento de la acción propuesta.

 

Aunque como señala Widdon 1978; Diatkine 1986, todos los psicópatas no son delincuentes, ni todos los delincuentes son psicópatas. También pueden ser hombres de negocios, (Paul Getti, etc), Gobernantes, (Hitler, etc). Pero todos serán incapaces de abandonar, de rendirse ante la evidencia. Ante los éxitos se vuelven más poderosos, más insensibles e infinitamente más peligrosos.

 

No sé si habrán reparado en el detalle, que casi siempre hablo en términos masculinos, y es que hay un detalle "curioso", por así decirlo, y es que es una condición que afecta a hombres en su mayoría, en una proporción que varía de 3 o 4 varones por mujer, según los datos que consultemos. De la misma forma hay que decir, que cuando encontramos a una mujer afectada, normalmente suele ser muy agresiva.

 

Entre las claves de su personalidad, cuando estudiamos los factores cognitivos, encontramos que un importante rasgo es su alto egocentrismo-narcicismo, (Foulds1965, Buss 1966, Cleckley 1976, Hare 1970, Millon 1981). Consecuencia de ello es ese sentido de autovaloración grandilocuente, es decir, una exaltación extremada de su propia personalidad, hasta llegar a considerarse el centro de atención. Intentarán demostrar su status humillando y pisoteando a los demás. Vemos a un ser irresponsable, (en el sentido moral del término), egoísta ante las normas. Tiende a vivir al día, sin preocuparle el futuro, (sumido en su creencia de control absoluto). Sus intereses se focalizan en el ambiente inmediato, viendo a los demás como objetos a manipular, "usar y tirar" para conseguir sus objetivos, (Johns y Quay 1962, Smith y Griffith 1972). En otras ocasiones serán vistos como obstáculos que interfieren en sus deseos. Su estilo de vida, en general, es inestable, parásito y sin propósito, depende de los demás y no intenta conseguir estabilidad e independencia. Para conseguir sus fines se envuelve de un encanto personal superficial, (Hare 1980), algo que se favorece al tener una personalidad extrovertida, con aparente habilidad social, locuaz, encantadora, amena y entretenida, muy ingeniosa, que suele dar una gran imagen a todo el mundo que le rodea, se muestra muy seguro de sí y nunca se considerará fracasado. Todo su comportamiento va acompañado de mentiras, que él considera como parte de su relación con los demás, es por tanto un gran manipulador, utilizará la mentira para estafar, defraudar.., se sirve de CUALQUIERA en su beneficio personal. Se podría decir que es un consumado actor. En sus relaciones puede demostrar afectos y emociones, pero serán fingidas, según convenga en cada momento, en ese sentido es un ser solitario, (solo le importa él). Sus relaciones sexuales serán triviales, impersonales y poco integradas. También será un medio para conseguir sus fines.

 

Otro rasgo cardinal, es su ausencia de remordimientos o sentimientos de culpa, (McCord y McCord 1964, Cleckley 1964, Craft 1965, Hare 1980, Garrido 1998, De La Torre, R. S. 2001), sea cual sea el daño producido en la víctima. Su falta de empatía es manifiesta, con lo que demuestra su insensibilidad y crueldad.

En algunas ocasiones, actuará de forma impulsiva, (Hare 1982), por esa necesidad inmediata de estímulos; pero en otras ocasiones demostrará una gran frialdad en actos muy meditados y escrupulosamente planificados y elaborados, (Wells 1988), en los que retará a todo el mundo, a los que por otro lado, considera como inferiores, (De La Torre, R. S. 2001). Una de las manifestaciones conductuales más típicas es su fuerte agresividad, su temperamento es exaltado o acalorado, que empeorará sobremanera con el uso del alcohol y otras drogas de abuso.

 

Como podemos observar en este esbozo de su personalidad, su conducta es claramente antisocial y cabe suponer que tendrá mayor probabilidad de tener contactos con la Justicia. A veces lo que llama poderosamente la atención, ante la destructora agresividad y frialdad de sus actos, es la banalidad, (Bibeny, 1993: RS De la Torre, 2001), la nula importancia que le da al daño producido, como medio eficaz para conseguir sus fines. Como podemos observar, en casos tristemente famosos, como las chicas de San Fernando, ante las preguntas de por qué mataron a su amiga, contestaron "por ser famosas". O aquel chico que mató a sus propios padres, y delante de las cámaras de T.V; respondió a las preguntas que le hacían acerca del paradero de sus padres "con Curro en el Caribe". Y así podríamos seguir, porque desgraciadamente cada vez hay más casos o por lo menos son más conocidos.

 

Y llegamos al nudo Gordiano del problema, que no es otro que el de la responsabilidad penal, y la posible simulación de enfermedad mental, ya que en muchas ocasiones intentan pasar por psicóticos o esquizofrénicos para eludir a la Justicia. Como ocurrió con K. Bianchi, quién logró engañar a 3 Peritos Forenses simulando un trastorno rarísimo como es la Personalidad múltiple, hasta que el Dr Orne lo desenmascaró.

 

Hay que tener claro, que los trastornos de personalidad aparecen en personas psíquicamente NORMALES, que razonan bien y con un sentido claro de la realidad. No son, por tanto, enfermos mentales. Se diferencian en 4 aspectos básicamente, (Vázquez, Ring y Avia, 1990),:

 

1°- Son estables en el tiempo, y no un conjunto de síntomas que aparecen en una situación determinada.

2°- Reflejan alteraciones Globales de la persona y menos circunscritas a síntomas concretos.

3°- Son egosintónicos, (es decir, no molestos subjetivamente), al menos no en la medida que los síntomas de las enfermedades mentales.

4°- Son, por ello, menos cambiables.

 

Como vemos, son duraderos y describen la conducta habitual de una persona. Como ya adelanté, tienen un comienzo insidioso, (en la infancia). Se les considera, con control sobre sus conductas y por tanto responsables de las mismas.

 

Según Cobo y Vives 1987, dos prestigiosísimos Juristas, en el caso de los psicópatas se presenta claramente el dilema entre culpabilidad y prevención. Mientras que consideran que la culpabilidad en él, ha de provocar cuanto menos, una atenuación de la pena. Desde el punto de vista de la prevención; muchos psicópatas resultan enormemente peligrosos y necesitan medidas de seguridad adecuadas.

 

Desde el punto de vista de la responsabilidad, es lógico situarse entre la imputabilidad y la inimputabilidad, lugar que ocupa la imputabilidad atenuada, (como responsabilidad a medias). Cuestión que no es baladí, ya que hablamos de condena a prisión, o medida de seguridad,(que si así lo decide el Juez, podría llegar a tratarse en régimen ambulatorio), que según el sistema vicarial, vigente en el Derecho Penal Español, es de duración indefinida en su límite inferior, aunque si que es cierto, que nunca podrá superar el tiempo límite de condena que le habría correspondido en caso de haber sido declarado culpable,(penalmente hablando), incluso podría darse el caso en que terminara dicha medida de seguridad antes de ese límite superior, si el sujeto en cuestión diese señales que tal alteración ha desaparecido o atenuado. Sin embargo, para enturbiar un poco más, (si cabe), el asunto, el Tribunal Supremo incurre en numerosas contradicciones. Por un lado, sostiene que el término psicópata equivale a enfermedad mental, (STS de 25-6-1980), o que se trata de una dolencia endógena que acompaña a la persona desde la cuna hasta el sepulcro, (STS de 4-10-1982); luego afirma, en otras ocasiones que no constituyen propiamente enfermedades mentales, (STS 25-11-1978 y 25-1-1980); rechazando en otras que la psicopatía sea una verdadera enfermedad mental o psicosis, (STS 2-11-1983). Y es que no escapa a nadie que el tema de la semiimputabilidad presenta varios inconvenientes. Entre otros, el tiempo que estará en prisión y/o medida de seguridad, que puede llegar a ser excesivamente corto. Con lo cual, y teniendo claro que no se reintegrará en la sociedad, incluso podrá delinquir en mejores condiciones, ya que podría ir depurando su estilo. Otro inconveniente, y si cabe más grave, como argumenta Williams, esto favorecería una justicia clasista. En el sentido, que el psicópata de clase social elevada sería objeto de una peritación capaz de demostrar su psicopatía, mientras que aquellos que pertenecen a las clases más desfavorecidas, sus psicopatías no llegarían a demostrarse.

 

Sin embargo, el Tribunal Supremo, (STS de Abril de1988), interpreta de modo progresista el término psicópata en un acto criminal, y lo considera como enfermedad mental y rebaja por tanto, la pena en uno o dos grados. En mi humilde opinión, un sujeto que tiene la inteligencia intacta, algunas veces por encima de la media incluso, que siempre sabe lo que hace y conserva un notable control sobre su conducta, (Bilbeny 1986, De La Torre, R.S. 2001), debería ser considerado como responsable y por tanto como imputable.

 

Esta cuestión preocupa tanto, que países tan poco dudosos de tener un talante Democrático, como es el caso de Inglaterra, se está planteando encerrarlos, tan solo por su peligrosidad social potencial, sin haber cometido acto ilegal alguno; tal cosa, a mi parecer es excesivo, ya que supondría volver al Derecho Penal de autor, tan arcaico y por fortuna, superado.

 

Yo, como el Profesor Sánchez de la Universidad de Illinois, creo que los psicópatas se alimentan de unos valores y pautas de conducta de la misma sociedad. En una época de crisis, como la actual, genera una situación de anomia, (sin normas claras), en la dirección brillantemente presentada por autores como Durkheim, Merton, etc. En sus teorías explicativas de la criminalidad. El sálvese quién pueda deja a los ciudadanos a merced de individuos con pocos escrúpulos. Por así decirlo, y en términos Darwinistas, se convierten en los más adaptados para triunfar en la sociedad. La novela American Psycho es un fiel reflejo de ello.

 

El aumento de la delincuencia gratuita, la mayor violencia en los delitos de los jóvenes, así como la banalidad de sus conductas y razonamientos, extremadamente agresivos. El sadismo exacerbado en los crímenes de los adultos, nos muestran que los psicópatas se están reproduciendo con fuerza en todas las clases sociales, aunque cabe pensar, que los de clases elevadas recurrirán a delitos más sofisticados, (preferentemente de cuello blanco). La conclusión de Sánchez es pesimista, al igual que la mía. Nuestra sociedad está generando multitud de ellos. Solo basta con ver a los jóvenes, los valores que les estamos transmitiendo. Se traducen en un aumento de la agresividad, una degradación de la convivencia y un deterioro de la disciplina. En una encuesta llevada a cabo por Pérez Díaz, V. Y colaboradores, a los padres no les interesa este tema. Pero los datos son contradictorios, porque se quejan insistentemente de que sus hijos vuelven a casa de madrugada, beben demasiado, (en el mejor de los casos), no les hacen caso, etc, arremeten contra el sistema educativo. En toda la sociedad "Global" hay un sentimiento de fracaso del sistema educativo. En USA, más de 300 ciudades han decretado toque de queda para los jóvenes. Como confesión de impotencia, la edad penal se está rebajando, 7 años en los Estados Unidos de América, Irlanda, Liechtestein, Singapur y Suiza. A los 9 años en Jordania y Malta. A los 10 años en Inglaterra y Gales. A los 12 años en Canadá, Países Bajos, San Marino y Turquía. A los 13 años en Francia...

 

De la violencia se acusa a los medios de comunicación, pero estos proporcionan lo que la gente quiere. Según las leyes del Mercado, observamos programas idiotizantes, sin valores ni mensaje, que no sea: todo vale para conseguir el éxito. Y hay que saber que los problemas sociales no tienen una causa única, sino que son múltiples y a veces circulares, (como en el caso de los medios). Se acusa a los padres que no educan a sus hijos, que son víctimas de sus hijos y que son influidos por sus hijos. Se acusa al sistema educativo, argumentando que no sabe educar, este a su vez se defiende diciendo que los padres no colaboran en la educación de sus hijos, quienes a su vez se quejan de que no saben educar. Abrumados por estos círculos viciosos, nadie cree poder hacer nada.

 

En un sistema social, por definición, de interacciones, todo influye en todo, (incluso lo que no se hace). Según la encuesta anteriormente reseñada, los padres quieren que sus hijos sean felices y no estén estresados. Piden una rebaja ante las exigencias del sistema. También los profesores rebajan sus niveles de exigencias, por miedo, dejadez, depresión, etc. Y para terminar de arreglar la faena, viene la Administración y dice que no se puede suspender a los chavales, ya que así se les protege de traumas emocionales. Yo, al igual que el profesor Marina, pienso que es para maquillar el fracaso estrepitoso del sistema. Pérez Díaz, dice que esta reducción de exigencias no influye en la educación. Falso! influye empeorándola, empobreciéndola. La Pedagogía de los derechos, (mal entendidos), nos lleva a una situación continua de reclamación y quejas, cuando no, a una reacción, (normalmente agresiva).

 

En vez de fomentar una cultura de la participación y la responsabilidad. Según el estudio, lo único que les interesa a los padres, es que sus hijos obtengan un título, al cual tienen derecho. Eso, para mí, es un enorme majadería, puesto que a lo que tienen derecho es a poder estudiar y a una educación que garantice el conocimiento y la libertad. Ya que como decía Platón, no hay peor mal que la ignorancia.

 

Echo de menos aquella familia española nucleada en torno a los abuelos, (si los había), con sus maravillosas historias, que nos transmitían a su vez valores morales adecuados, así como respeto a las normas, amor y comprensión a los demás, y un sistema educativo, que sin ser el mejor de los posibles, por lo menos exigía esfuerzo, que además de ser otro valor, porque si señores para aprender se requiere ESFUERZO, aunque algunos no lo crean. Podría seguir, puesto que la Globalización nos cae encima, con unas consecuencias no demasiado halagüeñas, pero eso es otra historia, para la cual les emplazo, si es que he captado su atención.