EVOLUCIÓN DEL CRIMEN Y LA VIOLENCIA EN LA VENEZUELA DEL SIGLO XXI

 

Yaneth Saade Gamboa

 

En Venezuela, las cifras de criminalidad se incrementaron notablemente en el año 2003 según cifras reportadas por la Asamblea Nacional (El Universal, 01 de febrero, 2004). Estos niveles de criminalidad han adquirido un matiz particularmente violento en los últimos años, incrementándose el número de hechos criminales cuyo desenlace es la muerte de la víctima. En el primer semestre del año 2003 la Policía Judicial contabilizó 6.920 homicidios por lo que refería que si las policías lograban contener el auge delictivo, para el 31 de diciembre de ese año serían asesinadas 13.840 personas. (El Universal, 27 Julio, 2003). Finalmente, en el 2003 se contabilizaron 11.025 homicidios en el territorio venezolano (El Universal, 01 de febrero, 2004). Esto implica un promedio diario de 30.2 personas asesinadas, lo que implica, a su vez, un incremento del 16% respecto al promedio diario del año anterior. A su vez, en el año 2002 se reportaron 9.529 homicidios en todo el país, lo que implica que diariamente murieron 26.1 personas.

 

Fuente: El Universal 27 de julio del 2003 /El Universal 01 de febrero del 2004

 

En el 97% de los casos los criminales suelen utilizar armas de fuego. Según la Organización Panamericana de la salud, Venezuela ocupa un lugar preferencial entre los países más violentos del mundo. (El Universal, 27 Julio, 2003).

 

La tendencia indica que posiblemente la delincuencia venezolana supere los hechos delictivos que se registraron en países como Sudáfrica, México, Colombia, Rusia y Brasil (El Universal, 27 Julio, 2003). Caracas está ya considerada como la tercera capital más peligrosa de Latinoamérica.

 

Si se toma como valor inicial del número de homicidios registrados para el año de 1992 y se estima el incremento anual de homicidios respecto a ese año inicial se observa como en un lapso de once años se han incrementado los asesinatos en un 228%.

 

 

Pero si además se realiza este ejercicio de estimación de incremento anual a partir del año 1998, se observa como en un lapso de cinco años el incremento de los homicidios es del 142%.

 

 

El Distrito Capital, junto a los estados Miranda, Zulia y Carabobo presentaron el mayor número de homicidios durante el año 2003, quizás debido a que son las ciudades con mayor actividad comercial y con mayor población en el país, seguidos por los estados Aragua, Bolívar Anzoátegui y Lara.

 

 

Fuente: El Universal, 01 de Febrero del 2004.

 

Los peritajes preliminares realizados por los investigadores refieren que aproximadamente 60% de las víctimas cayeron en ajustes de cuentas y riñas entre delincuentes. Otro 20% fue asesinado al resistirse a ser robado por antisociales y además la violencia criminal dejó lesionadas a 34.000 personas con un promedio de edad entre 17 y 32 años. El número de homicidios registrados en Venezuela en el 2002 implica un incremento del 20% respecto al año 2001.

 

A continuación se desarrollará un esquema de análisis que pretende explicar las estadísticas anteriormente presentadas, así como otra serie de hechos delictivos que han venido incrementando su incidencia en los últimos años en Venezuela, tomando como base los postulados de varias de las teorías existentes sobre la conducta criminal.

 

Explicar estas estadísticas sobre criminalidad de acuerdo a una única teoría dejaría numerosos vacíos. Aunque casi todas tienen algo que aportar a su comprensión, ninguna por sí sola, puede dar respuesta a todas las formas del delito y mucho menos a características socio-políticas tan particulares por las que ha estado atravesando Venezuela en los últimos años.

 

Debe tomarse también en cuenta la concepción del hombre como un ser bio-psico-social. Aunque cada uno de nosotros presenta características similares propias de la especie, cada ser humano es único "y en consecuencia, cada uno de ellos es una fuente autónoma de potencial creatividad delictiva, que en toda sociedad produce incontables formas de comportamiento que puede llegar a ser definido por las leyes como antisocial, sociopático o peligroso" (Ruiz, 2001).

 

Si bien es cierto que existen numerosas teorías biologicistas que intentan explicar la conducta criminal, también es cierto que se requieren de diferentes factores ambientales, psicológicos y sociales que inciden o pueden ayudar a desarrollar en mayor o menor grado la predisposición a la violencia.

 

Particularmente en el caso de Venezuela, es resaltante que en la medida en que la situación jurídica y política se ha ido agravando con la consecuente perdida de las instituciones, la impunidad se ha incrementado y la conducta delictiva ha ido en aumento en las proporciones antes descritas.

 

Para finales del año 2003, el desempleo alcanza ya cifras cercanas al 20% de la población activa, la economía informal supera el 50% y la situación de pobreza abarca al 80% de los habitantes de Venezuela. Estos indicadores permiten suponer que los altos índices de criminalidad se puedan explicar en parte por la teoría de la subcultura de la pobreza.

 

La población venezolana presenta un alto índice de estrés psicosocial como consecuencia de la inestabilidad laboral, las malas condiciones de vivienda, la ausencia y escasez de servicios médicos, así como por la carencia de los medios económicos que le permitan al menos cubrir la alimentación mínima requerida para el desarrollo de los niños y jóvenes.

 

Para el venezolano la incertidumbre y la inestabilidad se han convertido en lo único constante en los últimos años. Por otra parte, existe también una desvalorización y desconfianza en torno a las instituciones. Esto último, si bien era un rasgo común en la última década, en los últimos cinco años se ha incrementado notablemente.

 

Esta situación ha conducido a la mayoría de la población a una situación que podría describirse como "anarquía inercial" cuya característica esencial es un generalizado incumplimiento de las normas básicas de convivencia ciudadana. Como ejemplo resaltante de esta situación encontramos las invasiones a viviendas y terrenos (propiedad privada o del Estado). En su versión más violenta, se registran enfrentamientos armados, con víctimas fatales, entre diferentes grupos de invasores.

 

Son comunes también en nuestra sociedad las familias mono-parentales donde el padre está ausente y la madre se encarga del sustento económico y la crianza de los hijos, que en la mayoría de los casos exceden la cantidad de los que pueden realmente hacerse cargo. Niños que crecen bajo las condiciones mínimas y con grandes deficiencias vitamínicas que alteran su normal desarrollo.

 

Otros elementos de esta teoría también se cumplen: a) Se desconfía y no se participa en las instituciones (Partidos políticos, sindicatos, etc.) de la sociedad civil, b) Se comparten valores del trabajo y la familia nuclear, aunque no se llevan a la práctica, c) Existe una gran tolerancia a la conducta desviante y a la psicopatología (Páez & González, 2000, en Ruiz, J. 2003).

 

Por otra parte, la mayoría de los crímenes reportados son por ajuste de cuentas y riñas entre delincuentes y se presentan en los estratos más bajos de la población, aspecto que pudiera ser explicado de acuerdo a la teoría de Valverde (1989) quien señala la labilidad emocional del delincuente juvenil como un mecanismo de adaptación al medio hostil en el que se desenvuelve. Según este autor en sectores tan deprivados con diferentes formas de violencia, es adaptativo mantener la alerta y actuar con extrema rapidez ante tales amenazas con el fin de garantizar la supervivencia. El crimen, incluso el homicidio se convierte en muchos de los casos en un terrible recurso de supervivencia.

 

A su vez, según la teoría del aprendizaje social el niño adquiere mediante la observación hábitos de comportamientos generales y particulares como la agresión, normas, juicios morales y mecanismos de autocontrol que se relacionan con la capacidad de tolerar la demora de la recompensa, la renuncia al refuerzo inmediato para lograr metas a largo plazo y el empleo de auto-recompensas y auto-castigos después de la ejecución de sus conductas.

 

La adquisición de estos comportamientos, normas, juicios y mecanismos de autocontrol esta determinada por el refuerzo que recibe al llevarlos a cabo. Este refuerzo puede ser directo (recompensas materiales o sociales), auto-refuerzo (valoración) que el sujeto hace de su propia conducta) y vicario (cuando el modelo es premiado, este genera expectativas en el sujeto observador).

 

El individuo que se desarrolla en las condiciones sociales arriba mencionadas, donde los valores y las normas están gravemente amenazados, carecerían de autocontrol. La impunidad de alguna manera contribuye a la desinhibición de las conductas criminales y las ganancias a corto plazo derivadas de estos comportamientos reforzarían e incrementarían la probabilidad de que los individuos imiten estas conductas agresivas, en tanto conocen el provecho que pueden obtener.

 

Cabe considerar en este punto, el punto de vista planteado por los autores Montero y Padilla (1982) sobre este tipo de condiciones socio-culturales: "En estas graves perturbaciones de la convivencia humana, en esta renuncia a toda esperanza de encontrar algo bueno en función de lo cual modelar y contener la irrestricta vitalidad juvenil, los actos violentos y a veces crueles se disparan solos, como automáticos, negados a la reflexión y ni siquiera necesitados a la más mínima justificación ante sus víctimas o ante los espectadores atónitos". (pp. 55).

 

En medio de estas condiciones, se observa también un incremento en los últimos cinco años de los delitos violentos (homicidios) cometidos por organismos policiales de jurisdicción municipal, estadal o nacional. Grupos de exterminio han sido denunciados en más de la mitad de las entidades federales de Venezuela. El Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (antigua PTJ) es el organismo de seguridad nacional con mayor número de denuncias por ajusticiamiento en su contra (10%) ante las Organizaciones No Gubernamentales tales como PROVEA (Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos). Por ejemplo, en el Estado Falcón, han sido denunciados 132 casos de asesinatos extrajudiciales, pero sólo han podido ser imputados siete policías, ninguno de ellos ha sido sentenciado y los familiares y testigos son víctimas de persecución e intimidación constante (El Universal, 4 de febrero, 2004).

 

Según destacan las organizaciones venezolanas defensoras de los derechos humanos, uno de los principales problemas que favorece la impunidad es que en su mayoría los policías que hacen el levantamiento del cadáver y la investigación, son los involucrados en el caso, por lo que la criminalización de las victimas se hace inmediata y es notoria la solidaridad automática de los organismos policiales. (Ultimas Noticias, 2 de febrero, 2004).

 

 

 

Este ambiente generalizado de impunidad se convierte en escenario perfecto para el incremento de otro tipo de actos delictivos cuya incidencia era mucho menor en años anteriores. Actos delictivos caracterizados por la violencia instrumental, la violencia aplicada como medio para un fin ulterior. Este es el caso de los secuestros. Un hecho delictivo fundamentalmente vinculado en siglo pasado a los estados fronterizos como Apure, Zulia y Táchira, se ha visto incrementado en muchos otros estados de Venezuela y en su modalidad "Express".

 

Las cifras para el año 2003 evidencian un aumento de este tipo de delito en el Distrito Capital y en los estados Lara, Carabobo, Aragua, Sucre y Anzoátegui. En el último año, este tipo de delito se ha incrementado en un 36.9% durante el último año. Casi 300 ciudadanos fueron privados de su libertad en el 2003 (El Universal, 1º de febrero, 2004).

 

En la mayoría de los casos de secuestro (79%), la víctima logra la liberación tras acordar y efectuar un acuerdo de pago. Otro 8% son liberados por dificultades logísticas de los plagiarios, un 5% escapa de sus captores y otro 8% muere como consecuencia del plagio (El Universal, 13 de julio, 2003). Los especialistas consideran que la casuística supera considerablemente la estadística, pues un gran número de víctimas negocia con los plagiarios en lugar de denunciar el caso a los cuerpos policiales.

 

Analizando estos hechos también desde el marco de la Teoría del Control del Crimen (Gottfredson y Hirishi, 1990, en Ruiz 2003) es evidente como el análisis de costos y beneficios, al momento de ejecutar un secuestro, es altamente favorable para el delincuente o grupo de delincuentes que se propone perpetrarlo. En casi el 80% de los casos, el secuestro es un "buen negocio". Las condiciones institucionales, psicológicas, familiares y socio-culturales que componen el entorno de la mayoría de los ciudadanos venezolanos constituyen un escenario propicio para convertirlos en "víctimas secuestrables".

 

Por ultimo, tomando en cuenta le teoría psicoanalítica, podría señalarse que cuando los individuos de una sociedad carecen de normas y valores que consolidan la formación del Super-Yo, y el Yo queda expuesto a una realidad hostil, el ello conformado por sus deseos y sus impulsos agresivos, acaba por abarcar todos los espacios.

 

En este punto, el panorama descrito es esencialmente negativo y adverso. Pero el objetivo de este trabajo va más allá de pretender hacer un examen negativo de la situación jurídico-policial en Venezuela. Lo que se pretende es realizar un análisis crítico que, además de evidenciar el incremento de la conducta criminal y violenta en Venezuela, llame la atención sobre dos aspectos centrales:

 

Teoría. La existencia de diversas teorías para la explicación de la conducta delictiva constituye un amplio marco conceptual para la comprensión y el abordaje de cada uno de los actos delictivos que ocurren en una realidad socio-cultural específica. Esto más que representar un problema, se constituye en un espectro de posibilidades que facilita la complementariedad conceptual de postulados y explicaciones para comprender diversos fenómenos delictivos.

 

Soluciones. Toda explicación de un fenómeno problematizado debería incluir en sí misma la posibilidad de generar soluciones que permitan accionar sobre sus efectos. En el caso de la conducta criminal este aspecto puede considerarse perentorio. Según la mayoría de los expertos, en Venezuela, se hace inminente aplicar planes y políticas coherentes a corto, mediano y largo plazo adoptando estrategias policiales y/o políticas que enfrenten la criminalidad y así mismo establecer estrategias basadas en prevención, represión y educación. Por otra parte es necesario el fortalecimiento de las instituciones fundamentales de toda sociedad. Por ello se hace impostergable e imprescindible la disminución de las condiciones que favorezcan la impunidad, así como fortalecer las acciones que permitan al ciudadano recuperar la sensación de seguridad que requiere para desarrollarse como ser bio-psico-social.

 

Referencias Bibliográficas

Calzadilla, T. Policías Investigadores Acusados de Exterminar. Ultimas Noticias, 02 de febrero del 2004.

Montero N., Padilla, F. (1982). Los Antecedentes de la Personalidad Sociopática. Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela. Caracas Venezuela.

Rodríguez, G. Un Billón para el Hampa. El Universal, 13 de julio del 2003.

Álvarez, I. Policías Acusados de 1541 muertes. El Universal, 13 de julio del 2003.

Rodríguez, G. 6920 Homicidios en lo que va de año. El Universal, 27 de julio del 2003.

Rodríguez, G. Los Crímenes Aumentaron 16%. El Universal, 01 de febrero del 2004.

Rodríguez, G. Crímenes Extrajudiciales avanzan por todo el país. El Universal, 04 de febrero del 2004

Ruiz, Carlos, E. (2001). El Delito en la era post-chavista. http://www.analitica.com

Ruiz, J. I., (2003). Modelos Explicativos de la Conducta Criminal. En Tema IV del Diplomado de Psicología Jurídica. http://www.psicologiajuridica.org